Por la manos de Juan Peñas y Tata pasan unas setecientas personas al año que deciden operarse y más de mil que se someten a tratamientos estéticos para potenciar su belleza

El reducto preferido por ambos es la plaza del Teucro. El principal motivo es que Tata nació en uno de los edificios que dan a este centro neurálgico y aunque confiesa que no suele volver por este rincón, sí es cierto que le produce «una emoción muy especial». Mirando hacia el Teucro protagonizó una «feliz infancia» que dio paso a una adolescencia no menos feliz. Hoy en día el edificio sigue guardando en sus cimientos aquella solera de hace años y tanto para ella como para Juan, su marido, es un referente de la ciudad.
Desde allí mismo se empieza a tejer el mapa de situación de sus vidas. Un vértice lo tienen en Miño (A Coruña), otro en Poio y otro más en Madrid, donde viven, trabajan y hacen feliz a la gente. El porqué, es la cirugía plástica y el cómo, es «ayudando al prójimo». Sobre esta idea basan su manera de entender esta profesión.
